La ganadería intensiva prioriza la producción rápida y el beneficio económico, encerrando animales en espacios reducidos en lugar de permitirles pastar libremente. Esto elimina sus beneficios naturales, fertilizar el suelo y dispersar semillas. El modelo industrializado opta por hacer que las condiciones de vida de los animales se supediten a maximizar la producción y el beneficio económico de distintas formas:
Alimentarlos con “piensos compuestos” obtenidos de grandes monocultivos intensivos para que engorden rápido. En ocasiones, se usan sustancias químicas de engorde para producir más (carne, leche…), que a la larga pueden generar problemas de salud para las personas.
La obtención de estos piensos compuestos para el ganado estabulado implica cultivar grandes extensiones de terreno de forma intensiva. Así, la cantidad de territorio necesario aumenta muchísimo, en contra del principio de eficiencia de uso de la tierra de la intensificación.
¿Sabías que…
… más de 2/3 de la tierra cultivada en Europa son para producir alimento (pasto enriquecido para el ganado intensivo)?
Lo peor de todo es que a veces esos terrenos ocupan ecosistemas de gran valor natural y/o sistemas agroganaderos tradicionales que alimentaban a las poblaciones locales, que se ven obligadas a abandonar sus tierras.
Los principales efectos adversos de la intensificación agroganadera:
Menor calidad de los alimentos
La intensificación de los procesos hace, en general, menos densos en nutrientes y menos sabrosos.
Toxicidad
Químicos y medicamentos pasan a formar parte de las plantas, los animales y el agua y las personas acumulamos estos contaminantes que nos pueden provocar enfermedades.
Contaminación del suelo
El uso intensivo de fertilizantes minerales y herbicidas degrada el suelo y se abandona e incluso cambia a usos no productivos (construcciones de edificios u otras infraestructuras).
Reducción de la Biodiversidad
La concentración parcelaria elimina hábitats de muchas especies y sus recursos, así como una pérdida de la funcionalidad ecológica del territorio al desaparecer muchos setos vivos, elementos tradicionales que eran utilizados como lindes de las parcelas.
Pérdida de la soberanía alimentaria
Campesinas y campesinos se ven forzados a dejar el cultivo por falta de “competitividad” y los consumidores y consumidoras nos vemos obligadas a consumir productos de las grandes corporaciones que impulsan estos modelos insostenibles.
¿Cómo se pueden recuperar estos lugares y seres vivos afectados?
Como respuesta a los problemas del modelo agroganadero intensivo, surgen otros modelos alternativos –> agricultura regenerativa y soluciones basadas en la naturaleza.
Respeto a los ciclos naturales de nutrientes y las cadenas tróficas complejas de muchos tipos de organismos para enriquecer el ecosistema del suelo, base del crecimiento de las plantas.
Estos sistemas también pueden ser altamente productivos, a base de aumentar su complejidad: rotaciones y asociaciones de cultivos, cubiertas vegetales en vez de roturaciones, uso de la ganadería para procesar los residuos y abonar los campos. En realidad, son “soluciones basadas en la naturaleza” que se asemejan a muchos de los métodos tradicionales a los que se aplican los medios tecnológicos modernos.
Estos modelos de agricultura y ganadería ecológicos cumplen un papel muy importante de mantenimiento de la biodiversidad y de la fertilidad de los suelos. La recuperación de bosquetes y de setos vivos entre parcelas de cultivo y de las zonas de ganadería extensiva, jugaría un papel fundamental como “infraestructura verde” en la que se refugian y por donde circulan como corredores ecológicos multitud de especies de fauna y flora. Estos lugares pueden actuar de reservorios de biodiversidad para comenzar la recuperación de las zonas intensificadas contando con el transporte de semillas y fauna asociada que realizan los animales.
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