Tras la segunda guerra mundial, los países más desarrollados plantearon al mundo un modelo de intensificación de la producción de alimentos. Para producir más cantidad se industrializaron los procesos agroganaderos con el uso masivo de los denominados “agroquímicos” y la concentración en monocultivos y grandes granjas industrializadas. Se le llamó “Revolución Verde” y consiguió aumentos espectaculares de la producción y grandes beneficios económicos.
Actualmente, la tendencia mayoritaria de la agricultura moderna es la intensificación agrícola. Un negocio, por encima del desarrollo sostenible y de las nefastas consecuencias para la salud del medio natural y del ser humano.
Así, el uso de productos químicos de síntesis (no se encuentran en la naturaleza) o agroquímicos, que pretenden maximizar las cosechas y evitar las enfermedades, trae consigo numerosos efectos adversos. Dentro de estos productos agroquímicos podemos encontrar los siguientes:
Fertilizantes minerales
Aceleran el crecimiento y pueden generar más de una cosecha al año. Sin embargo, los suelos a la larga pierden materia orgánica y necesitan cada vez más cantidad de fertilizante. Este exceso de fertilizante se filtra a los acuíferos contaminándolos y, posteriormente, alcanza las aguas superficiales “eutrofizándolas”, haciendo inviable el uso del agua o necesitando costosos tratamientos de depuración para poder utilizarla. (Caso del Mar Menor) .
Herbicidas
Impiden el crecimiento de otras plantas distintas a aquellas que se cultivan, para evitar competir por los recursos del suelo. El problema es que muchos de ellos también acaban con plantas y microorganismos beneficiosos para el suelo. Son sustancias tóxicas para el ecosistema y perjudiciales para la salud humana si no se manejan en las dosis y momentos adecuados.
Insecticidas
Para evitar la aparición de insectos u otros invertebrados que provocan enfermedades y plagas para el cultivo. El problema es que también acaban con los insectos beneficiosos (por ejemplo, mariquitas que libran del pulgón), y al igual que los herbicidas, son perjudiciales para el ecosistema y la salud humana.
Uso de maquinaria contaminante
Con el fin de hacer económicamente más eficiente la producción intensiva, se recurre a la mecanización para roturar los campos, recoger cosechas y extender los productos químicos mediante grandes tractores, cosechadoras e incluso aviones. Altamente dependientes de combustibles fósiles, que contaminan el aire y contribuyen al calentamiento del planeta.
Alimentación con pastos
Menor densidad de población
y más cercana a lugar de producción
Pequeñas parcelas
Mantenimiento de vías
pecuarias para transhumacia
Concentración parcelaria
Uso de maquinaria contaminante
Uso de productos químicos contaminantes
Uso de productos químicos contaminantes
Menos de un tercio de lo cultivado
es de consumo directamente humano
Mayor densidad de población
humana en zonas alejadas
Ganadería intensiva
Fragmentación por infraestructuras
Transporte en lugar
de transhumancia
La intensificación agrícola y ganadera
Para ahorrar en costes de producción y aumentar el beneficio económico las pequeñas parcelas cultivadas por familias o grupos locales (ANTES) se han ido concentrando en grandes campos más fáciles de mecanizar gastando menos y empleando menos mano de obra (Concentración Parcelaria) (DESPUÉS). Esto ha sido una de las causas del abandono del medio del medio rural y del deterioro de las economías familiares dependientes de este medio.
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