Los castaños y avellanos han sido testigos de historias de vida, fiestas populares y prácticas sostenibles que han permitido conservar estos montes. Las y los habitantes de estas zonas han aprovechado los frutos, la madera y creado una cultura en torno a estos árboles, convirtiéndolos en símbolos de identidad y resistencia, donde la cultura rural y la naturaleza se entrelazan para construir un futuro sostenible.