Los sistemas agroforestales han sido la forma tradicional de aprovechar los recursos naturales de la manera más respetuosa con su conservación, uniendo el uso de la ganadería y el aprovechamiento de los cultivos en el mismo lugar reduciendo la vulnerabilidad económica y ambiental, para que las personas no dependan de un único producto.
Así combinan sostenibilidad con los servicios ecosistémicos que aportan:
- Captación del CO2 (gas de efecto invernadero), los árboles lo recogen y lo almacenan en forma de materia orgánica (troncos, ramas y hojas), lo que contribuye a la lucha contra el cambio climático.
- Protección del suelo: Los castañares y avellanares ayudan a fijar la tierra al suelo a través de sus raíces evitando la escorrentía.
- Absorción de agua: los castaños y avellanos ayudan a recoger el agua que se encuentra en el ambiente en forma de lluvia o vapor. Las hojas y ramas la atrapan y transportan al suelo donde se filtra hasta las aguas subterráneas y rellenan los acuíferos con agua limpia filtrada a través de suelo.
- Reducen el riesgo de incendios forestales: la diversidad permite mantener la humedad en el ambiente y en el suelo, lo que dificulta el avance de los suelos.
Un eficaz sistema antincendios
La vegetación en diferentes alturas funciona como un sistema antincendios natural:
- Estrato arbóreo (alto): Las copas altas, reducen la temperatura del sotobosque y mantienen la humedad. Las hojas caídas se descomponen más rápido, evitando la acumulación que pueda servir de combustible.
- Estrato arbustivo (medio): Arbustos (endrinos o majuelos) rompen la continuidad vertical y evitan que las llamas suban a las copas.
- Estrato herbáceo (bajo): Un suelo con hierbas bajas y musgo, mantiene la humedad, lo que ralentiza el avance del fuego y facilita la extinción.
Ilustraciones: Lourdes Berzas- Loubé